Ha sido un libro muy especial para mí. Fue el que Fernando Montes propuso para la tertulia “Joaquín Colín”, que se celebra anualmente en León. La razón fue que es la que más gustó a un amigo poeta, “El Caminante”, cuya manera de hablar fue entre clásica con expresiones del siglo XVI y términos hispanoamericanos mezclados un poco al tuntún. Era su libro de cabecera.

Al comienzo de leer este libro me resultó difícil, con un lenguaje extraño y una historia que no me pareció especial. Es la típica novela en la que el prólogo puede hacer que te interese. Algo tenía que tener, con tanta alabanza y porque  no sé qué me llamó la atención desde un primer momento, lo cual busqué mientras que seguí leyendo. Me fue cautivando la lectura, porque hace que el lector se meta en la novela. No tanto por lo que cuenta, que también tiene grandes valores sociales y para la reflexión política, no sólo para ver por dentro los modelos totalitarios, sino la manera de ejercer el Poder como algo que se expande y presiona desde lo que Foucault llama “la capilaridad del Poder”.

Desde el punto de vista literario esta obra tiene el mérito de cómo se cuenta, el uso del lenguaje, arriesgándose el autor a no ser entendido. Recoge expresiones populares, maneras de hablar y cantar mezclando leyendas y mitos colectivos. Es por esto que pienso que interviene en el inconsciente y trasmite emociones y miedos por la manera de contar lo que sucede, logrando con la palabra profundizar en la psicología de los personajes y, en cierta medida. en quien lo lee.

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Hay un capítulo especialmente duro, cruel, que trasmite y expresa con el lenguaje. Si lo hubiera contado sin más el lector lo conceptualizaría, sí, diría, «es terrible», y nada más. Pero Miguel Ángel Asturias lo hace sentir, traslada el sentimiento como tal llegando a al lector. ¡Sentir el horror de la tiranía!, de la crueldad socializada. De ahí que el título inicialmente fuera a ser “Los mendigos políticos”. Hay dos cuestiones que sobresaltan: la complicidad y cómo se vende la vida propia al mejor postor. la de los demaás se destruye.

Se basa en querer denunciar la dictadura que sufrió Guatemala, pero más que una exageración es una metáfora que hace visible aquello que no se ve, pero hace que funcionen regímenes grotescos, violentos, explotadores. Es mucho más que una denuncia, pues desvela el Poder como tal, lo cual se puede trasfigurar a nuestros días, la manera, sin que suceda igual, pero sí se trata de un mecanismo que corroe desde la vida cotidiana, como eso que se llama «opinión pública», que puede ser tan cruel como el fanatismo o seguir al líder, lo cual acabará afectando hasta a los más correligionarios, porque la máquina es imparable y aplasta a todos, incluido finalmente al dictador o a quien representa la cúspide del Poder. Al final cae, pero fuera de la novela, en el epílogo que escribe años después.

Se trata de una novela paradigmática, que se reduce desde la crítica a las dictaduras, cuando desde mi punto de vista, la trasciende, convierte la dictadura en un escenario en el que van a actuar las maneras de relacionarse y la psicología que construyen el control y sometimiento social, con la espada del miedo. Existen muchos tipos de terror que se ponen en juego. No tener para vivir es uno de ellos. No sólo la amenaza de la cárcel o el dolor de la violencia, incluyendo la muerte.

Parece ser que el año 1928 el gobierno de Colombia mata a cientos de obreros del campo que se dedican al cultivo del plátano, puestos en huelga. La multinacional estadounidense United Fruit Company exportaba fruta tropical desde toda hispanoamérica. El gobierno de los EE.UU, una “democracia”, amenazó con ocupar el país si el gobierno dictatorial no paraba la huelga y los días 4 y 5 de diciembre provocó una masacre. Este hecho viene reflejado en «Los hombres del maíz», junto a otro hechos atroces de las dictaduras influyen en el mensaje que Miguel Ántgel Asturias quiere trasmitir.

Más que un estilo, pienso que se trata de un experimento narrativo, donde el autor se deja llevar por lo surrealista que cuenta, siendo lo más absurdo que haya ocurrido y que continúe, lo cual nos debería hacer pensar a quienes abordamos la novela, que no es de lectura fácil. A de tomarse como un reto, que merece la pena.

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En medio de la crueldad más extrema aparece el amor, usando el tejido social y político este sentimiento para hacer más daño si cabe, usarlo como arma contra quienes amenazan al régimen o a quienes aman, porque eso no les permite entregarse de lleno al dictador. Lo iremos desgranando, a través de las exclamaciones, onomatopeyas y canciones populares y trozos de sucesos que con piezas separadas forman un puzle cuyo final e historia no será feliz.

Seguiré el hilo de lo que cuenta Asturias, que va dando trompicones. Descubro que las grandes novelas no se basan en la trama, en lo que cuenta, a veces simple o desordenada, sino en la manera de hacerlo. En este caso es una novela como una expresión en sí. Es sui generis.

Un ambiente de pobreza, “nunca se supo que se socorrieran entre ellos, avaros de sus desperdicio”. Allá en una taberna estaba el Pelele, “así apodaban al idiota”, de quien se reían los mendigos. En este pasaje vemos un ambiente de crueldad “natural”. “La sordomuda se sobaba el vientre para ella exageradamente crecido”.

Pelele enloquecía al oír hablar de su madre”. “El Mosco se buscaba la cara con los gestos”. Patahueca peló los ojos; en el aire pasaba la amenaza del fin del mundo y dijo a la lechuza: “¡Hualí, hualí!, toma tu sal y tu chile; no te tengo mal ni dita y por si acaso, maldita”.

El pelele dormía y “el bulto” se detuvo, le dio un puntapié y en broma gritó “¡Madre!” El pelele se le echó encima y le hizo pedazos la nariz con los dientes y le golpeó las partes. Quitó así la vida al coronel José Parrales Sonriente. En torno a este hecho se monta toda la Historia, por cómo es usado este asesinato.

Una capilla protestante, construida por masones. En una cárcel a la que llevaron al Mosco. También llevan preso a Patahueca. Un estudiante cuanta como le agredieron al hacerle preso por ser “revolucionario”. “De miedo, de frío y de hambre lloraban los mendigos apañuscados en la sombra”.

La policía preguntaba por el autor del asesinato. Todos dijeron que el Pelele, que lo vieron con sus ojos. “¡Fue el idiota!” El Auditor decide que no, que fueron el general Eusebio Canales y el licenciado Abel Carvajal. Todos asintieron, menos el Mosco. “¿Cómo se atreve a decir que un idiota es el responsable?”, le dice el Auditor. Le exige que diga la “verdad”. El Mosco es ciego. Le colgaron y murió. Dieron parte al Presidente.

El Pelele había huido por las calles intestinales…”. Se veía a gente que nada tiene y ha de trabajar y otros amigos del Presidente propietarios de casas. Al pelele le perseguían los perros. Se esconde en un basurero, donde unas aves negras, zopilotes, le picotearon los ojos, el labio superior, el corazón. “El cementerio es más alegre que la ciudad”. Por la mañana fue a coger el tren para huir de la ciudad, con una pierna rota, el labio desgarrado. Se quedó dormido.

Describe una pelea de gallos, “de dos gallos”. El padre del pelele era “gallero”, celoso de su mujer, madre de Pelele, no la dio buena vida, ni el hijo. La veían la vecina como mártir. Se siente protegido por su madre, “me duele el alma”, dice la madre, y “Soy la manzana-Rosa del Ave del Paraíso… soy rosa y manzana”. “Soy la mentira de todas las cosas reales, la realidad de todas las ficciones”.

El lenguaje que usa el autor es enrevesado, complejo. ¿Del subconsciente? No sé. Llamarlo surrealismo no me parece.

La mujer es pájaro que no se aviene a vivir sin jaula”.

Un leñador ve tirado al Pelele en el basurero. Piensa que le han dado una paliza. Le tira unas monedas y se va. “En el basurero encontré un Ángel”.

El secretario del presidente habla con el doctor barreño en el hospital Militar. El padre de éste murió en los caminos. En informa judicial fue una farsa coronada por la infamia. Era un anciano. Ser algo es ser el médico del presidente.  “Para ser algo en la vida se necesita más labia que saber”; “¿Qué ganas con estudiar?”: “Los médicos pueden ensayar con los indios”.

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El presidente estaba endemoniado con el asesinato a Parrales. A uno le dieron doscientos palos, que no aguantó. No lo aguantó porque murió. Le informaron al Presidente que siguió comiendo. Una noticia más.

Aparece un nuevo personaje, que será el eje del resto de la novela: Miguel Cara de Ángel, (Era bello y malo cono Satán.) El Presidente viste siempre de luto. No se quita nunca el sombrero. Muchas descripciones de los personajes se hacen de manera salteada. Se narra una acción, aparece un personaje, al que después se le describirá. A la inversa de como se suele hacer. Juega así el autor con el factor sorpresa. Quizá falte un hilo argumental. Los hechos suceden a trompicones.

El presidente quiere que Cara de Ángel, su hombre de confianza, capture al general Canales, que quiere acabar con su dictadura. Para justificarlo pretende hacerle huir y de esta manera acusarle de haber cometido el crimen. En un ambiente donde se mata a trote y moche. Al hacer que huya le podrán matar y así no irá a la cárcel, que no conviene.

Hay un entramado de confidentes, todos participan en delatar o ser falsos testigos ante el miedo. Este es un fondo que se ampliará, de la novela, la complicidad de los ciudadanos junto al efecto del miedo. “Árboles de orejas… Una red de hilos invisibles comunicaba cada hoja con el Señor Presidente, atento a lo que pasaba en las vísceras más secretas de los ciudadanos”. Los servicios secretos lo pringan todo y extienden una red de confidentes

Todo son trampas y el Presidente no quiere que nadie coja confianza, lo que hace que tienda trampas a unos y a otros. Lucio Vásquez, un policía, hará que Cara de Ángel caiga en una trampa. Los espías también son espiados. Una cadena sin fin, perversa. Chivarse de los demás es una manera de adherirse al Presidente y de esta manera evitar ser acusado o señalado.

Vásquez tiene la voz muy fina. Está enamorado de la fondera, Fedina, casada con Genaro Rodas. Ésta le esquiva como puede. “La que da el beso da el queso”.

Policías secretas van al lugar del crimen, a la espera que parezca el autor. “Los médicos recetan introducir en la piel una onza de plomo”. Se acercó el Pelele. Vásquez disparó contra él y lo mató. Nadie vio nada. Los ojos de un santo, una figura, “ayudaría a bien morir al infortunado”. Le mataron por matar, pues el acusado del crimen de aquél se lo habían imputado a otro, para de esta manera perseguirle y justificar la necesidad de ir a por él. Nadie cree nada en tal ambiente de tiranía, pero aceptan lo que les digan con tal de no meterse en líos, se adaptan a lo que les atemoriza. “Alegres farsas con ríos de lágrimas”. Aparece un teatro de títeres: “Los niños reían de ver llorar”; ·Los niños reía de ver pegar”. «¡Lógico, lógico!” Un reflejo de los ciudadanos en manos de un dictador.

Todas estas expresiones hacen sentir lo que ocurre, el drama, a veces inexplicable, pero con el sentido sin sentido de lo irracional.

Hay una respuesta social, que no se explica, se expresa con ese lenguaje “incompleto”, simbólico, pero arrollador cuando se entra en él y se entiende como un idioma literario que hay que ir aprendiendo a medida que se lee y se releen las paginas, los párrafos. “Los pacíficos sacrificadores de ronrones jugaban a la guerra organizándose para librar batallas cuya duración dependía de los proyectiles, porque no se retiraban los combatientes mientras quedaban piedras en la calle”; “Los desagües iban llevando la luna a flor de tierra y agua de beber contada…”.

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Vásquez se siente atraído por Camila, la hija del general. Va a ver a Genaro, casado con Fedina, que acaba de tener un hijo, para que le cuente. Fedina advierte a su marido que van a creer que trabaja de policía secreta. Todo el mundo sospecha de todo el mundo. Todos son amigos, todos desconfían, todos son enemigos. Esta atmósfera de miedo y complicidad a la vez no la relata, sino que la expresa muy bien. Pero hay que saber entender cómo lo cuenta. No sé muy bien si es una especie de obra de teatro convertida en prosa, o al revés, sin llegar a ser un guion.

Genaro ve por la ventana: “… rodó chorreando sangre al primer disparo, y no cerró los ojos; Las piernas abiertas, la mirada inmóvil… Un ojo pestañudo que no se me quitaba de aquí…”; “¿Y el santo de qué le mató?” Fue Vásquez. De esta manera presenta al personaje. “Estaba mandado, tenía rabia”. Tenía orden de capturar al general Canales. Fedina llora porque advierte que quieren secuestrar a Camila, la hija éste.

El general Canales, alias Chamarrita, abandonó la casa de Cara de Ángel con porte marcial, como si fuera a ponerse el frente de un ejército, pero al cerrar la puerta y quedar solo en la calle, su paso de parada militar se licuó en carrerita de indio que va al mercado a vender gallinas…”. Con esta forma de narrar, de expresar, el autor visualiza a los personajes, y lo que sienten. Cara de Ángel le invita a que escape, lo cual sería reconocer su culpabilidad, cuando no hizo nada. Se arrepiente de haber dicho en un discurso que los generales nos los príncipes de la milicia. Lo cual el señor Presidente tomó como una amenaza. “Debí decir príncipes de la estulticia”, pensó. Cara de Ángel ante el dicho “¿Las leyes? Buenas son tortas”, insiste pues le pueden matar. La idea de “arriba” es matarle durante la huida, para lo que se creará un comando. La cuestión que le convence es: “Pregúntese si cuenta o no con el favor del amo”. El general pretende dejar a su hija con su hermano Juan, un favorecido del régimen. La cocinera, según informe de un señor menudito, que no aparece visible en la novela, sí su escruto al presidente, espía al general y otro sirviente a la cocinera.

Los informes se tergiversan, se adaptan a los objetivos e intereses de cada momento, para eliminar o encumbrar a alguien. Se explica que el general ofrece a su hija a cambio de una intervención a su favor. A esto se une la chismografía, los bulos, el “mentidero de mujeres”, lo cual va tejiendo una red de confidencias, de falsas acusaciones que dan lugar al miedo y éste a la pleitesía, de manera que la gente haga y diga lo que el poderoso quiera.

No se sabe muy bien de las intenciones de Cara de Ángel, que parece que se enamora de Camila, pero podría ser para abusar de ella, lo que no hará. Descubre poco a poco un sentimiento que le hace ayudarla, lo cual contrasta con su historial. No lo descubre, pero actúa como si fuera “malo como Satán” sin darse cuenta de que está siendo vigilado, lo que puede suponer, pero no que esté en el punto de mira. Cuestión que recorrerá toda la novela hasta el final. Ofrece a los facinerosos que le acompañan saquear la casa mientras que él se lleva a la chica. Establece un plan absurdo, que el general Canales ve “con doble fondo”.

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Quieren matar al general cuando salga de casa. Cara de Ángel se da cuenta, pero entonces no puede llevarse a la chica, salvarla.

¿Por qué los árboles bajo la lluvia tienen sed?”

Cara de Ángel brinda con Vásquez “por la salud del amor”. Luego, solo, ante los ojos de la Virgen de Chiquiquirá desea cambiar de vida, “tener mujer e hijos”. Al comentarlo con el Auditor, que será quien ejecute la traición a éste, le dice “Para hijos de puta basta con los que hay”.

Camila pretende huir con su padre. “El alma no comprende la felicidad ni la desgracia sin deletrearlas antes”. Para Camilia fue un juego o una pesadilla. Miguel Ángel Asturias no define, suelta expresiones, frases, sentencias que resumen una actitud, que sorprenden al lector y le dejan pensativo. De esta manera hace que se participe en lo que se lee.

Para canales huir no es de soldados, pero tiene la esperanza de volver “frente a una revolución libertadora”. Huye, deja a su hija con La Chabelona. Los gendarmes entran en su casa.

Camila tiene quince años “y no pasó de ser una burrita con muchos tíos y tías, primos y primas, que siempre han de andar juntos como insectos… Le caía mal formar parte de aquella nube de gente emparentada. Ser la nena”. Tiene los ojos verdes.

Camila había besado a su papá y a su nana sin olerlos… Sin oler lo que se besa, el beso no sabe a nada… las piñuelas (fruto del ciprés) y los membrillos le enseñaron a besar con las ventanas de la nariz abiertas, ansiosas, anhelantes”. “Los seres se olfatean antes de verse”.

Los asaltantes de la casa del general se iban. Vásquez con la pistola en mano. Cara de Ángel con Camila en brazos.

La esposa de Genaro, dueño de la taberna, Fedina, La Chabelona, va a contar al general Canales lo que han hecho y lo que ha oído. Va con su pequeño recién nacido, su mamoncito, en brazos. Quieren robar a la señorita, la hija de él. No sabe que Cara de Ángel la quiere. Cuando la busca y rebusca se ve en el espejo y grita al ver lo fea que es. Vio a la criada sola, tirada en el patio, ensangrentada.

Encontró una carta del general que escribió a su hermano Juan para que acogiera a su hija. La cogió, sin leer. Al salir un general la apresó. Su marido con unas copas de más le contó que el general fue apresado. Vásquez la quiere tocar, pero ella se niega. Casi le da un sopapo. “Cómo no me iba a dejar que me estuviera manisiando”. El poli la chantajea. Su marido se fue de la lengua. El general se escapó.

Detienen a la mujer, para que cante su marido, tan amigo de noche. Ella sigue apartando la mano del policía. La criada murió por los golpes recibidos. No lo cuenta, sino que el lector lo irá sabiendo a medida que impacta con sus expresiones, coloquiales, metafóricas en ocasiones. Se trata de una lectura que hay que traducir. La novela la cuenta los sucesos de salto en salto.

El presidente se deja ver con uniforme deslumbrante, “Señor, Señor, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria”, le dicen. La gente sale a la calle vestidos de blanco. “Los periodistas se relamían del redivivo”. “Sacerdotes de mucha enjundia le incensaban”. “Los poetas se creían en Atenas”. Cara de Ángel se abrió paso entre los invitados. Quiere el pueblo que hable el amo, asomado al balcón. Quienes le criticaban “querían herir el pecho de la Democracia”. “¡Viva el Presidente Constitucional de la república Jefe del Partido Liberal, Benémerito de la patria, Protector de la mujer desvalida, del niño y de la instrucción!”.

El Auditor informa al amo de la fuga del general Canales. Cara de Ángel va a saludar con la mano al Presidente, pero le da la espalda. Un idiota hace sonar un bombo. El Presidente huye asustado. Creyó que sería un atentado. Al final vemos que el miedo se expande al mismo que lo genera y sus seguidores.

La policía va a visitar al hermano del general Canales, éste reprueba la conducta del general, dice que hace mucho que no le ha visto. No es cierto. Creyeron antes que era amigo del señor Presidente. Juan se siente amenazado, da lo mismo ser inocente, no sirve de nada: “la lotería, amigo, esta es la frase-síntesis de aquel país”. “La única ley es la lotería”. Por ésta se es ministro o se va a la cárcel. Lo mismo eres un aliado, que días después un enemigo terrorista. El hermano renuncia a su hermano y no quiere acoger a su sobrina. “Todos los lazos se destruyen cuando median cuestiones de dinero… ¡el dinero no respeta la sangre!” cara de Ángel les quiso convencer de lo necesario que era. Le pareció hablar con personas que no entendían el español”. Llegan a decir que el general ofreció a su hija para salvarse, para que llegara al propio Presidente. El hermano sintió ganas de acariciar a alguien, pero no a su mujer, se acercó a su perro que seguía ladrando. Frases como ésta, que parece inconexa tiene una fuerza literaria increíble. Dentro de la novela, metido en ella se puede apreciar la intensidad literaria, algo que en un principio no se ve ni se imagina.

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Cara de Ángel empieza a cambiar: “Su corazón empezaba a desordenar su existencia, las palabras extrañas a Camila perdíanse en sus oídos sin dejar rastro”.

A la mujer de Genaro la llevan a la cárcel con su hijo en brazos. “La cama de la prostituta es más helada que la cárcel”; “Las madres nunca llegan a sentirse completamente vacías de sus hijos”. Le quitaron al hijo y no dejó de pensar en él. Niña Fedina rezó. “… bienaventurados los presos…”. No sabe por qué le han detenido. “¿Le parece poco?”, lo que ha hecho. Le culpan de que se escapara el general Canales. “Todo lo sabe la autoridad”. La hija del general iba a ser la madrina de su hijo. No hacer nada puede ser un gran delito contra la seguridad del estado si así lo consideran los jueces, aunque no haya pruebas, ¿qué más da si hace falta un culpable? Da escalofrío la forma de contarlo y lo que denuncia. Pero irá in crescendo.

No la darán de comer hasta que no confiese donde está el general. Ella no sabe nada. Da lo mismo. No le darán a su hijo si no dice dónde está. Si no le da de mamar morirá. El niño lloraba a lo lejos. Lo oía. La empujaron al suelo. Las tres y su hijito lloraba. Las cuatro y su hijito lloraba, las cinco y… “¿Dónde está el general?”. Le echaron cal viva en los pechos. Le dieron a su hijo moribundo. Al poner la boca en el pezón “soltó el pezón, soltó el llanto”; “su cuerpo se enfriaba”. Su hijo se muere. Fuera seguía la fiesta. El segundo día “volvían al parque los esclavos atados a la noria”. Son una cadena de expresiones impresionantes. Lloré al leer cómo fue la muerte del niñito y padecí el sufrimiento de la madre convertida en su tumba.

Camila, entre tanto, enferma. Cree que su padre le irá a buscar. Cara de Ángel empieza a ver qué pasa, contra él. , “lo estaban enterrando vivo con los ojos cerrados”. Camila va a casa de sus tíos, que no abren la puerta, no la atienden. “La respuesta fue el interminable ladrar del perro”

En medio de tanta crueldad, ésta puede aumentar. Ofrecen dinero para que la chica joven, a la que han matado al hijo y vapuleado, y destrizado, la lleven a un prostíbulo. Quien lo urde mientras tanto va a misa. A la vez van a buscar las vueltas a Cara de Ángel, que se dice para justificar su aniquilación, como agente y cómo persona, que secuestro a la chica para burlas la vigilancia. Ya estaba condenado de antemano. Los perseguidores reinterpretan la huida del general Canales. “Qué decepción del señor Presidente cuando sepa que el hombre de toda confianza preparó y dirigió la fuga de uno de sus más encarnizados enemigos”. En un ambiente dictatorial se funden mentiras que previamente se creen para adecuar al contexto de lo que hacen con el fin de mandar sin más, y controlarlo todo, sobre todo el Poder extremo de hacer depender de un grupo o una persona la vida de los demás. Y en este ambiente se aprovechan los adeptos para ejecutar venganzas personales, que nada tienen que ver con la justicia, ni siquiera con el hábitat de la Dictadura, la cual se desparrama hasta el último habitante. “Por fin Miguelito vas a estar en mis manos”. “Vásquez sabe más de lo que le han enseñado”.

El sufrimiento forma parte de la pena y el sadismo de quienes ejecutan a su antojo la pena de muerte y “la pena de la vida”. Esta expresión va a ser fundamental para visualizar el desenlace de la novela, donde dos personajes relevantes van a morir de pena, de rabia, de dolor sentimental.

Con tantas muertes, parece que sólo preocupa la del capitán Parrales. Porque les sirve de excusa para actuar contra sus enemigos, que tampoco lo son, pero hay que crearlos para mantener la tensión de la persecución, de salvar los valores de la patria. Estas estrategias, sin llegar a ser tan extremas, tan visibles, siguen funcionando hoy, también en medio de las democracias, porque dependen de un Poder controlador. En las dictaduras es visible este mundo de lampa gubernamental, en las democracias forman parte de lo que se conoce como “las cloacas” del Estado. No hacen confesar, sino que escuchan conversaciones privadas en los teléfonos, tergiversan informaciones en la prensa y demás medios de comunicación. Es lo terrible de este libro, ¡tremendo!, su realidad y cómo continúa presente en la actualidad, tal como explicará el autor en el epílogo.

La gente necesita palo, palo”.

Lucio Vásquez confiesa que mató al Pelele. El Auditor no entiende por qué se inculpa. Pero hace cómplice a Genaro Rodas, quien fue detenido sin comprender nada, sin saber nada con su sordera a cuestas. Es el tabernero, el marido de Fedina, que deambula con su hijo muerto, que la llevan a un prostíbulo. Vásquez la deseó. Éste alega que cumplió órdenes del Presidente. Pero no hay ningún escrito que lo demuestre. Dice que vaya a preguntar al Presidente. Estaba en peligro. La cuestión es si será necesario o no. “Justicia”, una palabra vacía.

En la calle ya se habla de los amores de Cara de Ángel. El amor le causa desasosiego. Este sentimiento le hace plantearse su acción en el pasado, en la que los fines justificaron los métodos más infames. “Sexo de borracho”, “Sexo de ahorcado”;  “Orinamos hijos en el cementerio”; “Los hombres somos como tripas de cerdo que el carnicero demonio rellena de carne picada para hacer chorizos». Reconoce que ha de sobreponerse a sí mismo para librar a Camila de sus intenciones. La desea. “El hombre se rellena de mujer”. Muchos creen que la violó.

Para evitar persecuciones Cara de Ángel piensa casarse con Camila, “los rincones helados de las sábanas”. Camila enferma gravemente, pulmonía. Está desesperada. La Masacuata la cuida, pide a la Virgen de Chinchinquira que no muera. “Los enamorados que pierden la esperanza de amar ellos, se conforman con que les amen”.

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Entramos en otra parte de horror en la novela, pero potente desde el punto de vista literario. Hace que el lector se estremezca. Niña Fedina se convierte ella en la tumba de su hijo. “Parecía un feto en pañales”. Lloró hasta olvidarse de su marido, a quien buscó sin descanso antes y le quiso sacar de la cárcel, muriéndose de hambre en la cárcel. Ella se olvidó de su dolor. La idea de ser una tumba para su hijo “le acariciaba el corazón como un bálsamo”; “Era una tumba viva”. “Las tumbas no besan a los muertos, ella no debía de besar. En cambio oprimen mucho, como ella estaba haciendo”. “Niña Fedina cerró los ojos; Las tumbas son oscuras por dentro”. La llevan al prostíbulo. “ya era una bestia para el negocio más infame”. Los clientes: militares. La quieren dar de comer y peinarla.

¡Cuánta alegría de cuartel y burdel!” “Fedina no se defendió de aquellos manoseos deshonestos”. Oprimía contra su oscuridad y silencio el despojo de su hijo”. “Felina seguía sin darse cuenta de lo que pasaba”. “¿Qué trae ahí tan agarrado?” Hablaba por señas. Le contestan “veneno te daría yo y no comida”, le golpeó la espalda. Cuando la fueron a quitar el bulto que agarraba gritó y cayó al suelo. Se dieron cuenta de que era un bebé. Ya olía mal. Todas quisieron besarlo. Se conocen por los motes. Alguna fue amante del señor Presidente.

El presidente recibe información de lo que el general Canales prepara. Según informes iba a volver para matarlo. Pero lo haría el licenciado Abel Carvajal. Todo son rumores, a los que se da credibilidad o no, según interese. Cara de Ángel fue a ver al hermano del general Canales para que reciba a su sobrina, pero la policía ve en ello una conspiración contra el Presidente. No hacen falta pruebas, todo se supone. Las prostitutas también informan de comentarios de sus clientes. Alguno en favor de Eusebio Canales, “el único general de verdad que había conocido en el ejército”.

Camila se confiesa con un sacerdote. “Me acuso padre de no rezar al levantarme, ni al acostarme”; “Me acuso, padre, de montar a caballo como hombre”. “Dios hizo a la mujer, mujer, por eso no ha de pasar de ahí… ni querer ser hombre, inmutado al Diablo, que se perdió porque quiso ser Dios”. Camila estaba grave. “El reloj y las moscas acompañan a Camila”. En delirios llama a su padre.

Entre la realidad y el sueño la diferencia es puramente mecánica”. “Vivir es un crimen… de cada día… cundo se ama… dádnoslo hoy, Señor”.

La redacción de la novela es la imagen del inconsciente social en una tiranía. Todo sociedad tiene algo, o mucho, de despotismo, crea sensaciones mediante lo que expresa, más cercano al lenguaje oral. No rompe con el lenguaje, sino que copia tal cual el habla de una cultura, de unas gentes para mantener la sensFación del mismo, sin traducirlo a la escritura. Por eso choca al principio. ¿Podemos compararlo con Joyce? Algo, puede que sea parecido, pero con aspectos diferentes. Ambos hacen una innovación, indudable, al mundo escrito. El autor irlandés parte de los sentimientos inconscientes, mientras que el guatemalteco lo hace de una situación externa que interioriza y la lleva al subconsciente. Quizá se encuentren en un punto intermedio como experiencia lectora, algo que habrá de ser indagado y estudiado a fondo. “La noche traía la lengua fría”. Uno se acostumbra a medida que va leyendo y se descubre la atmósfera psicológica tan densa. Usa alguna vez voces corales. Hasta cierto punto es una prosa de la tragedia.

El general Canales observa que acompañan tempestades al alma del hombre que presencia injusticias. “¿A cuento de qué exigen a militares lealtad a regímenes desleales con el ideal, con la tierra y con la raza?” Escribe varias cartas. Una a su hija.

La policía secreta va a detener al licenciado. El crimen original sigue presente. Ya se ha investigado, han sucedido otras muchas cosas, pero sirve como coartada a la hora de rendir cuantas a alguien. “Los mármoles de palacio están húmedos de sangre de inocentes”. Junto a Canales, lo apresan por sedición, rebelión y traición. “Todo parece mitad comedia bufa, mitad rito”. El Auditor, máximo representante de la Justicia afirma: “Aquí no hay pelo ni apelo”. Busca saber si los letrados del tribunal alguno está cuerdo. “La sentencia, redactada y escrita , de antemano”. Lucio Vásquez quiere matar a Genaro, al que considera causante de su desgracia. Como si no tuviera poco el tabernero, con el hijo muerto, la mujer enajenada, él apaleado en prisión.

Cara de Ángel se une en matrimonio con Fedina, “se desposaron en el umbral de lo desconocido”.

La esposa del licenciado va a ver al Auditor, quiere que la reciba. Sólo cabe el indulto del señor Presidente. Iría a verle a su casa de campo. Ha de salvar a su marido. Le van a fusilar. Ve comitivas de indios, también en busca de justicia. No la recibe. “¿Fusilarlo así como así?”

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Llaman del palacio presidencial a Cara de Ángel. El presidente hace alardes de su “cultura”; «se inventó el alcohol para alargar la vida». Cara de Ángel le alaba, su vasta ilustración, el mayor estadista de todos los tiempos. “El señor Presidente todo lo sabe”. Cara de Ángel siente asco de sí mismo, de ser un perro educado e intelectual, y de estar contento con su ración de mugre.

«Según las profecías los hombres treparán a los árboles huyendo de las mujeres enardecidas y éstas subirán a bajarlos”.

Le llega el turno a Cara de Ángel. La crueldad para serlo requiere hacer sufrir. Una dictadura se basa en este elemento. El cual se legisla, se adapta y tecnifica en las democracias injustas, en las que se permite la pobreza, los desahucios, la miseria, el paro galopante sin buscar soluciones reales… Forma parte de ese Poder que sobre la base de la legalidad, los principios, por la patria, etc. Es por ello este libro que analizamos un estudio de la crueldad y por ende de la Historia de la Humanidad.

Cara de Ángel llora cuando le arrastran a una cama y le duchan. Los llama “ingratos”, con todo lo que él ha hecho por el presidente, hasta el punto de ser el favorito. Pero debió de haber consultado con el amo antes de casarse con la hija de su enemigo. Pues creen los de su camarilla que les hace la cama. Sin embargo no lo van a eliminar. Le cuentan que uno de los que le coge argumentó que “el amor es fregado, lamido, belitre y embustero”. Como que le atontó. Y han sacado en la prensa la boda, anunciando que el señor Presidente será el padrino. Algo incoherente, más bien ¡irracional!, pero que tiene miga, como se verá. Sale la foto de ella, que pidieron al tío de ella, Juan, que colabora amablemente. Que además va a figurar en la prensa entre los asistentes e invitados. Nada se va a hacer, pero saldrá en los periódicos bajo el epígrafe: “Boda en el gran mundo”. Ángel conoce tales intríngulis, lamenta, sufre, porque Camila “bailaba ya en la farsa en la que bailan todos”. “Le hormigueaba la sangre”; “¡Si pudiera limpiarme la carcajada que me vomitó en el alma!”. Vemos que una expresión tras otras son metáforas, imágenes en prosa que impactan, que abren la historia como hecho psicológico. “Jaque a la reina”, exclama. Un oficial va en busca de una concubina para el Presidente.

Es curioso que en la novela no llega a parecer repulsivo el señor Presidente, que lo es, pero se diluye en un ambiente viscoso, denso, que le hace el juego y le permiten hacer lo que hace.

Al licenciado Abel Carvajal, abogado, le mataron. Su viuda erraba de casa en casa. Nadie la recibía. Lloraba. Nadie estaba para atenderla. Con todo lo que ayudó su marido a resolver conflictos a quienes le cierran la puerta después a su esposa. Le hacen sentir que “tiene una enfermedad invisible”. Sin embargo de manera anónima se disculpan, alaban a su marido. El miedo y la cobardía van juntos. Esto da lugar a la complicidad de la gente con respecto al Poder. Ella quiere que le entreguen el cadáver.

Contactan con Genaro, el tabernero, el padre al que han matado a su hijo de hambre y enloquecido a su esposa. Le ofrecen dinero y salir de la cárcel , con instrucciones para que vigile a Cara de Ángel. Él no será sospechoso para éste. Hay que cumplir órdenes. La manera del Presidente es “no dar esperanzas y pisotearlos y zurrarse en todos porque sí”. Una vez doblegados serán marionetas del Poder. Y “una mirada de curiosidad satánica”.

Es un libro para leerlo y releer. Contado se reduce a una historia. Es uno de los dos libros que me ha parecido su lectura una experiencia, el hecho de leerlo. El otro es “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust.

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Camila había muerto sin dejar de existir, como en un sueño, revivía juntado lo que era ella (antes) con lo que soñaba (ahora)”. “Era ella y no era ella la que iba andando”; “ Sensación de volver a la vida en otra vida”. “Tirita de lo que tiritan los ángeles”. Su marido se acuesta con ella. No puede huir. “Se aproxima al que jamás imaginó su marido”. Éste se levanta, se siente culpable. A ella “en el pecho le pesaba un fantasma”. Él le ama. La desea, La salva y para ello la secuestró. Se dan un baño, por separado, pero se juntan. “El agua saltaba con ellos como animal contento”. Un mozo lleva unos caballos. Le avisan. Va a algo.

La pareja se ama, se refugian el uno del otro, huyen del miedo ella, del mal él. “Si estaban separados se buscaban, si se veían cerca se abrazaban”. En medio de tanto dolor aparece la poesía en prosa. “Pero las serpientes estudiaban el caso”. Iban a “tejer telas de araña en las esquinas del tiempo”. Y bien que va a ser esta metáfora una realidad en la novela.

Van a una fiesta. Cara de Ángel se viste de frac. Sabe que ya no es el favorito. Pero ha de cumplir con las obligaciones, el protocolo. No sabe lo que le espera, pero prevé que algo. Y no bueno. Pero no imagina. A Camila le miran, uno de los que lo hacen “con ceño mefistifélico”. De belleza exótica hubiera preferido que nadie la viera. Todo son cotilleos sobre cómo visten.

Cara de Ángel saluda al Presidente. Se muestra éste frío, ausente. Pero echa a todos los varones, porque quiere cenar solo con las mujeres. Se van sin chistar palabra, para cumplir presto la orden del amo. Quedó únicamente el Poeta. Recita un poema barroco, sobre el amor, retórico, que termina aludiendo al miro: “Sesenta son las reinas y ochenta las concubinas”. Al finalizar el Presidente se fue, “sus pisadas sonaron como las del jaguar que huye por el pedregal”. Entraron los demás comensales. El Poeta incitó a cenar a Camila, que cuando fue a darle el brazo para ir a su sitio salió Cara de Ángel de detrás de una cortina donde estuvo escondido. “Atado a la resonancia de sus cajones de muerto”. En no pocas ocasiones aparecen frases inconexas, que no se sabe bien qué quieren decir, pero a medida que avanza la novela, sí, se ve las figuraciones que escribe. Por eso es muy provechosa la relectura.

Avanzaban los reptiles silenciosos”. La muerte se iba llevando a los soldados”; “Las balas no sienten cuando atraviesan el cuerpo de un hombre, creen que la carne es aire tibio…”.

Es una novela psicológica. Son los sentimientos los que van a actuar, sobre todo al final, para llevar a los personajes a su final. El general Canales lee la noticia. Le llevan la prensa para que se entere. Con la revolución quiso abaratar los medicamentos, abolir la escuela privada y que todos los niños y niñas fueran a la escuela, crear impuestos proporcionales, dar libertad de culto, etc. Murió al leer que el Presidente de la república fue el padrino de boda de su hija. Días después le dieron a ella la noticia por teléfono, burlándose.

El baile del Tohil, es el nombre de un capítulo. Se trata de un dios al que se hacen sacrificios. Míster Gengis habla con Cara de Ángel, que a de ir a ver al Presidente. “Es usted de los que mueren en su ley”. Si no hace lo que le digan a Cara de Ángel no le perdonarán nunca. Entran en la cantina un grupo de hombres. Uno suelta un discurso: “Pronunciar el nombre del señor Presidente de la República, es alumbrar con las antorchas de la paz los sagrados intereses de la Nación que bajo su mando… sabio entre los labios, Liberal, Pensador y Demócrata”. Llaman a votar, “las urnas os esperan”, ha de legitimarse con el voto unánime de los ciudadanos. Le consideran “el primero hombre superior que jamás haya existido”. Puede parecer una ironía siniestra, pero en todas las dictaduras al Guía se le mitifica: “Ciudadano hipersuperhombre”; “Superdemocracia”.

Cara de Ángel se encuentra con el ministro de guerra, que le dice en la conversación “ya sé que le gustan las viudas alegres”, lo habla como quien no quiere la cosa. Habla con el Presidente. Se queja de que nadie hace nada, todo lo tiene que hacer él. Quiere recuperar la confianza de Cara de Ángel, al que manda una misión: Ir a EE.UU para que apoyen al país y a su régimen. Le dice (no lo piensa) que su reelección está en peligro. Quiere que cuente las “cegueras de odio” contra él. He aquí la telaraña que se urde. Ante esa confianza, Cara de Ángel quiere que se investiguen los cargos contra él, porque no son ciertos. El señor Presidente, cínicamente, responde “¿Quién está dando oídos a esas fantasías?” En realidad da lo mismo investigar que no, que sea verdad o mentira. Cara de Ángel se muestra incondicional a él. El periódico publicará su partida para esa misión. Antes le ha contado lo de la mujer que vendieron a un prostíbulo, lo dejó caer. Cara de Ángel se entrega a la misión, “con tal de que nos siga muriendo la vida, aunque nos degollemos todos para que siga viviendo la muerte”. Le entregaron un fajo de billetes.

El lenguaje de la novela es desgarrador. Causa desasosiego.

Camila arreglaba la casa, se arreglaba ella aunque “todo siguiera vacío, sin peso, sin cuerpo, sin alma, como estaba ella”. Ella quiere ir con él. Cara de Ángel está contento de alejarse de aquel país, donde “estaría vivo entre los muertos”. Va solo. Camila debe esperar. Al llegar al aeropuerto llegó un grupo de soldados. Cara de Ángel entendió, pero demasiado tarde. No se imagina lo que pasará después de que lo detengan. Le cogen los documentos, el equipaje, se lo dan a otro que se parece a él. Va a cumplir la misión como si fuera él.

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No quedarán vivos sino la fe y los muertos”.

Le golpearon. No fue a la comisaría. Le dan con el látigo “arma de castrados”. Que diga esto lo toman como un ataque brutal al ejército. Quienes fueron sus compañeros le desprecian y golpean. Cumplen órdenes. Fue un traidor que “anda en cuentas con el general Canales”. Ha muerto éste, pero da lo mismo. Se casó con su hija.

Camila busca a su marido. Escribe al cónsul de Nueva York y otras autoridades, “como echar las cartas a la basura”. Alguien le dijo que se supo que desembarcó en aquel país. Consta en los registros. Luego fue a Singapour. Le hacen ver que se ha ido, que la ha abandonado. Piensa si le han matado, pero con ella en el pensamiento. Escribe al Presidente. No contesta. Consulta a espíritas. Estaba embarazada. Dio a luz un niño. Le llamó como su padre: Miguel. Sueña con él. Se fue al campo donde creció su hijo. No volvió nunca a la ciudad.

Cara de Ángel está preso. Malcome, “comía, como los flacos, para alimentar su sueño”. Con una lata con alimento, un caldo, y otra para los excrementos. El sabor de sus labios, de sus dientes, “el sabor de su sabor” Una celda subterránea, con veintidós horas a oscuras. “Sentía la pólvora sedosa de su tacto”. “Mantenía la esperanza de volver a ver a su esposa, el amor sostiene el corazón con polvo de esmeril”.

El director de la Policía Secreta metió en la celda de Cara de Ángel para que se hiciera amigo suyo. Hacía comedia, lloraba queriéndose suicidar cada rato. Cuando cogió confianza, pasaron dos meses, le contó de una mujer de ojos verdes, viuda, “con boca de rosolí”… se enamoró del señor Presidente, era hija de un general, y que la quisieron meter en la cárcel por anarquista, pero cedió a su amor para vengarse del marido que la abandonó… “Cara de Ángel se arañó la cara para enjugarse el llanto”… “una telaraña de polvo húmedo había caído al suelo”. Pagaron a ese prisionero y le dieron un billete para salir del país, ropa nueva, y elaboraron un informe sobre la muerte del prisionero de la celda 17, que murió por “disentería pútrida”. Nos hace ver el autor, como se instrumentalizan los sentimientos. Dos protagonistas mueren de pena, ante la impotencia de hacer nada y les afecta la relación afectiva, a uno, el general Canales, con su hija y al otro, Cara de Ángel, con su pareja  a la que ama. Sobreviven a la tortura, a los golpes, la persecución y mueren ante el sufrimiento de saberse traicionados, lo que les hacen creer. Los sentimientos como instrumento del Poder, para dominar a las personas.

Una misa en la que se responde con la letanía “por los agonizantes y caminantes, porque reine la paz entre los Príncipes cristianos; por los que sufren persecución de justicia… Por las benditas almas del Purgatorio”.

Al final hace una adenda, treinta y cinco años después de haber escrito la novela, en dicho añadido el autor habla con los personajes y aclara alguna cuestión que no quedó clara en la novela. Creo que la novela deja espacio al lector. Aclarar cuestiones fuera de ella… bueno, una curiosidad. El Presidente, parece ser, juzga la boda de Cara de Ángel como una debilidad mental. El general muere envenenado al pasar las hojas del periódico, rociadas de una sustancia mortal, y chupar el dedo. ¿Hay que quedar presos de la letra?. El autor dice buscó una forma guatemalteca de escribir. “Todo escritor acaba traicionando a su novela”. Algo interesante, porque avisa del culto a la personalidad, que no es tal, “sino a la fuerza ancestral que representa”. Los mitos mantienen lo sagrado de la autoridad. Al dios al que se hacen sacrificios. Un sacrificio no es una ejecución: el holocausto de la dictadura hitleriana. Es una forma de entender un fenómeno histórico incomprensible para la razón humana. El mito se defiende de tal manera, que cuando el señor Presidente cayó creyeron que era otra persona. El mito lo sigue amparando.

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El mito es algo vivo, actuante”. Sobreviven los mitos, ancestrales, en nuestra vida política. “La religión ayuda tanto como la pólvora”. “El mito tiene ahora la técnica publicitaria para intensificar su acción y con elementos psicológicos crear corrientes de opinión favorables o desfavorables para mantener a los pueblos sometidos al servicio de quienes los explotan”.

Referencia a España: Un auriga, español, con aire de Quijote.

Esta obra su autor la terminó de escribir el año 1933, no publicándose hasta el año 1946 en México.

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