Un libro, en principio extraño, pero creo que he hecho un descubrimiento literario que explica si sentido. Antes de él me pareció una historia pesada, sin hilazón, con fogonazos brillantes, con temas que apunta y poco más. Hasta que me di cuenta de algo que luego, casi al final vi corroborado.

Trata de un personaje, Orlando, cuya historia transcurre a lo largo de varios siglos, en los cuales unas veces es hombre y otras mujer. Una fantasía. Pudiera ser. Empieza como una novela de caballería, imaginaria, que apenas dice nada. Pero hay algo, un algo, un no sé qué, que me decía que esta narración tiene una forma que no está escrita por escribir.

virginia-woolf-icin-surpriz-doodle-virginia-woolf-kimdir-10693196
Virginia Woolf

Y ¡eureka! Que me viniera a la cabeza fue fascinante, porque explica una obra extraña y la convierte en una obra de arte, que he vuelto a leer bajo este prisma y me parece interesante comentarlo. Como los grandes descubrimientos ha sido en gran medida fortuito. Nunca me hubiera planteado leer esta obra, que fue propuesta en una tertulia literaria sobre obras de escritoras. No se ha podido llevar a cabo como consecuencia del aislamiento forzado debido a la pandemia del coronavirus.

Mis notas iniciales eran las de “historia insulsa!”, “salta de una época a otra y cambia de temas, como de sexo por parte del protagonista sin sentido”. Hasta que, sin pensarlo, me vino una intuición… ¿A ver?, me dije. ¡Sí!, era increíble. Encontré la clave de esta novela, que no sé si por parte de la autora es consciente. Pero es lo que la guía a hacer esta novela porque lo desvela en lo que ha escrito.

Woolf fue lectora de la obra de Proust. Aparece un comentario en el otro libro propuesto para la tertulia: “Una habitación propia”. En la cual hace alusión a Proust: “Era andrógino o quizá un poco demasiado femenino”, cuando el autor francés en verdad era un “invertido”, lo cual hoy decimos homosexual. No consta que ejerciera la bisexualidad. Andrógino quiere decir que tiene características tanto masculinas como femeninas. Algo que sí cumple Orlando, que aun siendo mujer mantiene su nombre en masculino. Es un recurso para Virginia para lanzar u mensaje sobre la condición de ser mujer en su época.

Esto sería algo anecdótico. Lo esencial es que Virginia Woolf no escribe una novela en el espacio, en el que transcurren las historias en todas las novelas y obras de teatro, sino en el tiempo. No es que pasen los siglos, ni que viva tantos años, ni sucede a lo largo del tiempo, sino que lo escribe en el tiempo. Es lo que aparece como deseo, como propuesta de Marcel Proust al final de los siete tomos de su novela “En busca del tiempo perdido”: “Si me diese siquiera tiempo suficiente para realizar mi obra, lo primero que haría sería describir en ella a los hombres ocupando un lugar sumamente grande (aunque para ello hubiera de parecer seres monstruosos), comparado con el muy restringido que se les asigna en el espacio, un lugar, por el contrario, prolongado sin límite en el Tiempo, puesto que como gigantes sumergidos en los años, lindan simultáneamente con épocas tan distantes, entre las cuales vinieron a situarse ¡tantos días!”.

4.artista2bmarcel2bproust2b.virginia2bwoolf
Marcel Proust y Virginia Woolf

Ese monstruo sumergido en el tiempo es Orlando. Decir antes que para mí este final de la obra de Proust es el que más me ha cautivado, cerca está el último capítulo de “Ulises” de Joyce, sin el cual su obra no sería nada. O casi nada (desde mi punto de vista), pero el colofón, con Bloom ante Molly, y el pensamiento duermevela de ésta eleva la compleja novela a la categoría de arte. El comienzo de novela que más me impacta es el que escribe Miguel de Cervantes en su obra “Don Quijote de la Mancha”.

Hasta casi el final de la novela, pero hace referencias a medida que avanza, como si quisiera dar pistas, de las que me he dado cuenta en una segunda lectura: “La mente humana opera con igual regularidad sobre la sustancia tiempo”. Observemos cómo el tiempo no es algo que pasa, sino una cosa material en donde se puede estar, “sumergidos en él”. “Hay un desacuerdo entre el tiempo del reloj y el tiempo del alma”. Desde este punto de vista la novela es otra, tiene una lectura mucho más profunda. “Hay dos fuerzas que gobiernan nuestro pobre cerebro: la brevedad y la duración; la primera con alas de mosca; la segunda con pies de elefante”. Intercala imágenes en el tiempo, en lo temporal que perdura como materialidad. Orlando viaja de una época a otra a semejanza de como sucede en el espacio de un lugar a otro.

Al final lo descubre, dentro de la novela, lo expone, pero ¡cómo arte literario o reflexión? Ambas. “Si hay, digamos, setenta y seis tiempos distintos que laten a la vez en el alma ¿cuántas personas diferentes no habrá que se alojan , en uno u otro tiempo, que se alojan en, en uno u otro tiempo en cada espíritu humano?” Fue al leer esta frase, este interrogante, cuando me vino a la cabeza el final de “En busca del tiempo perdido” de Proust. Cuando falta poco para el final. Estos yos que nos forman tienen lazos en otras partes”. Logré meterme en el arcano de la novela. No sé si del inconsciente de la autora o de su propósito. Nadie podrá preguntárselo. Pero lo dice tan claramente, que no es cuestión de interpretar, sino de descubrirlo, porque está a la vista.

51ek5o0hvbl

Al comprender esto, la obra de Virginia adquiere una coherencia, un sentido que permite entrar en la novela plenamente y saborear una experiencia literaria tan conmovedora y especial. De un gran mérito. La lógica de los acontecimientos no es la misma que las tramas que transcurren en un espacio físico a lo largo del tiempo, por eso se pasa de una época a otra, de una acción a otra , siendo los lugares los que pasan y recorren al personaje. Leamos esta novela con otra concepción de cómo ocurren las cosas. Cierto que, a ratos, cae en una bruma de palabras que saltan de tramo en tramo de la obra con destellos de brillantez y conciencia literaria, con fogonazos de brillantez. La novela es en sí una metáfora, hecha de otras metáforas, que no siempre encajan unas con otras. Merece la pena leer como experiencia literaria

Empieza en una época medieval, cuando Orlando es un caballero, con dieciséis años, que cercenaba (cortar las extremidades) la cabeza de los moros. Se ocupaba de su madre y de los pavos reales en el jardín. Sus abuelos ascendieron a la nobleza, siendo el símbolo de su escudo de armas un leopardo heráldico. Está en el s. XV, año 1586, como se sabrá casi al final de la obra, tres siglos después.

Escribe un poema, que le va a acompañar durante toda la obra, a lo largo del tiempo que recorre, comenzando por llenar unas diez páginas de versos. Esta afición le va a servir a la autora para reflexionar sobre escribir y, en especial, la poesía, desde su punto de vista de novelista: “Escribimos, no con los dedos, sino con todo nuestro ser”.

Aparece Orlando como algo torpe y amante de los lugares solitarios. Poeta, además de caballero. Encontró a u hombre con una pluma en la mano, al que se quedó mirando. Fe en una fiesta en palacio, donde se acercó a la Reina, que le nombra tesorero y mayordomo. Estaba enamorada de él, “con una idea inusual de los hombres”. Le iba a potenciar en su carrera de noble.

La reina ve a un muchacho besando a una mujer en el jardín. Piensa que es Orlando, lo que le hace pensar en “la falsedad de los hombres”. La autora, con cierta ironía le culpa a él, pero en una tiempo como en la que estaban, la Época Isabelina. Ni los poetas, ni el clima era como en la actualidad, dice. Orlando desea a muchas jóvenes a las que dedica sonetos.

virginia_woolfquinientos

El discurso sobre la mujer acompaña la novela: “Las mujeres eran apenas menos atrevidas en sus discursos y menos libres en sus maneras que los pájaros”. “La mujer es un bello animal romántico”; “Las mujeres no son más que niños grandes”. Saca la autora los tópicos sobre el sexo femenino a rodar en la novela, para reírse de ellos y contradecirlos: “Las mujeres carecen de deseos, sólo son simulaciones”. Se burla de tales clichés “luciéndolos”. “La vida normal de una mujer es una sucesión de partos”

Orlando vio salir de la Embajada Moscovita a una persona que no supo si era mujer o mancebo. Cuando vio que era de su mismo sexo no le pudo abrazar. Pero al acercarse mas vio que era una mujer, la princesa Dagmar Natasha, Sasha. Poco se sabía de los rusos. Se enamoró de ella. Hace cuentas de a quien ha amado: A una vieja delgada; a una monja majadera, a innumerables rameras. Los goces le parecieron insípidos. La mostraba más atenciones de las normales, lo que supuso un escándalo en la corte. Cuando la tomó en sus brazos “conocía por primera vez los goces del amor”. “La melancolía y la dicha son hermanas gemelas”.

Sasha vivía sola con su tío. Quería ir a vivir a Rusia. Desapareció en la parte inferior del barco. Se fue. Orlando siente celos. La imaginó con vulgares marineros. Pero no se fue. Ella vuelve, baja del barco. Hablan. Le propone huir juntos. Ella se disfrazaría de hombre.

Toda esta narración se desarrolla con alargadas descripciones, que provocan el tedio, al estar acostumbrados a otras lecturas. Sin embargo, al tener en cuenta que se desarrolla en el tiempo, donde está situada la historia es una deformidad surrealista que hay que aprender a saborear. De otra manera parece una pose literaria, algo que se cuenta al lector sin más.

d1467ef5eae5a483747d963a7629feb7

Saha cuando van a escapar, le deja. Orlando cabalga hacia el mar. Vio alejarse el barco ruso. La llamó adúltera, felona (desleal) Se preguntó su el tío era tal o si tal vez fuera un amante.

La autora está contando la biografía de Orlando, por lo que pretende comunicar hechos auténticos. El protagonista fue desterrado de la Corte. Se retiró a su casa de campo. “¿Necesitamos minúsculas dosis de muerte para ejercer el oficio de vivir?” Se sintió solo. Bajó a la cripta de sus antepasados: “Nada queda de todos estos príncipes”. La vida no le mereció la pena, “todo por el hambre de una mujer de bombachas risas”.

Leyó libros de filosofía. Hasta entonces no le interesaron mucho. Pero amaba la Literatura. Pensaba que los caballeros, y mas su sin apuestos, no necesitan libros. No se atrevió a enseñar lo que escribía, ni a su madre, porque publicar es una falta para un noble. Pero en las batallas se ganan tierras, reinos, con la literatura la inmortalidad. La poesía fue para el algo sagrado. Pero vio que su venta es más difícil que la prosa y que fabricarla lleva más tiempo, aunque sean más cortas las líneas. Considera que en Inglaterra ha muerto la poesía. Algunos escriben poesía en prosa. Apunta que para escribir hace fata una pensión, con desarrolla Virginia en “Una habitación propia”.

Orlando se encuentra con Green, un escritor. Disertan sobre qué es el tiempo. Orlando ha pasado a tener treinta años. Se desesperaron “tratando de resolver el problema de la poesía y la verdad”. Orlando cayó en un profundo abatimiento. “¿Qué opinaría u poeta de verdad?, de los que publican en Londres?” Da, de esta manera una punzada de ironía, forma de denuncia con la que juega mucho Virginia. Como cuando se refiere a la fama: “Un escudo puntado que cubre un espantapájaros; una chaqueta recamada que entorpece los miembros, una cota de plata que oprime el corazón”. O al nombrar a quienes construyeron las catedrales de manera anónima, sin necesitar reconocimiento,”sólo trabajar durante el día y por la noche un poco de cerveza”.

241463048091_xxl

Orlando sigue escribiendo su poema, “La Encina, Poema”; “por cada verso que agregaba borraba otro… hasta convertirse en un poema en blanco”. Conoce a una mujer que se parece a una liebre, cree que ha salido de un manicomio. Ella le dice que se parece a un cuadro de una hermana suya, que está muerta. La narradora advierte que Orlando “tiene las piernas mas hermosas que jamás sostuvieron a un caballero”. Siente pasión, pero Orlando la evita, huye. Parece como que se trasforma.

Se va a otra época, (un viaje en el tiempo, del que la autora no avisa, lo deje ir viendo) Allá donde esté va a visitar a embajadores de otros países. Conversaciones intrascendentes. Quería comer solo, con sus perros. Se disfraza para que los centinelas no le reconozcan. Se oyen leyendas sobre quién es Orlando. “Llegó a ser ídolo de muchas mujeres y algunos hombres”. “No ligaba con nadie”. “Tiene un misterioso poder sobre la imaginación”.

Woolf esta construyendo un personaje en el tiempo. ¿Es posible hacer algo así sin intención? No lo sé. Pero sí puedo asegurar que es lo que hizo en esta extraña novela. Tengamos en cuenta que Virginia Woolf (1882 – 1941) vive inmersa en una época en la que, además de haber leído a Proust, se debate sobre la teoría de la relatividad de Einstein (1879 – 1955), según la cual el tiempo es relativo. No sólo en comités científicos, sino que en los medios de comunicación, opiniones de filósofos. Ambos tuvieron una enorme admiración por las novelas de Dostoievsky. Sin estas consideraciones la novela desemboca en la nada, tal como anoté en mi primera lectura de esta novela, cuestión de la que me contradigo al volver a leer la novela con una nueva perspectiva.

Orlando aparece como rey. Una mujer se enamora de él. Ve como una lavandera se abraza a un mozo. Orlando duerme demasiado. Llaman al médico. Ven sus papeles con versos que aluden a una encina. Sus criados ven un certificado de matrimonio de orlando, caballero de Jarretera, con Rosina Pepita, hija de padre desconocido. Unos piratas le roban la corona. Parece que todo sucede sin ton ni son. El lector deberá querer comprender la extrañeza de esta novela.

dud4xt6xkaexwyg

Cuando orlando despierta ¡era una mujer! Al llegar a este punto de la novela, me parece surrealista, semejante a los cuadros de Dalí que deforma la realidad desde su visión onírica de las cosas. “El cambio de sexo transformó su provenir, no su identidad”. Tal es otra puya que lanza sobre la discriminación a la mujer. Es joven, noble y hermosa.

Entra en contacto con unos gitanos. Esta es la parte de la novela, que en una primera lectura, mas me interesó y atrajo. “Las personas viven en casas porque son demasiado débiles”. Aprendió “la ciencia de robar”. Se pregunta si la Naturaleza es bella o cruel. Esta reflexión la condujo al Amor, la Amistad y la Poesía. Entiende que la palabra escrita es la palabra compartida. Los gitanos desconfían de ella. Ella les ve como inferiores, sólo por encima de los salvajes, pero ella tiene antepasados condes y duques. Otra vez la ironía, pues va viendo que los antepasados de ellos son más antiguos, que levantaron pirámides, que “no son ni mejor ni peor que los Jones o los Smith”. Ella tiene palacios con muchos cuartos, pero los gitanos la tierra entera. Comprendió que la Historia es arrastrada por la mayor pasión que consiste en “imponer cada cual su creencia a otros”; siendo el prestigio lo que mueve las guerras. Embarcó para Inglaterra nuevamente.

Siendo mujer, en otra época (han pasado cien años), compra el ajuar, sin pensar en su sexo. Compara siendo varón, que tenía muchas historias amorosas, mientras que siendo mujer, la misma persona ha de guardar y defender hasta la locura la pureza. Sigue con su ironía, de forma muy sibilina: Las mujeres que se lanzan al mar, para que las salve un marinero.

Orlando es consciente de su situación: “Era varón, era mujer, sabía los secretos, compartía la flaqueza de los dos”, sin saber a qué sexo pertenecía. Se ha comentado mucho del transexualismo del personaje. Pienso que no, que se trata de una figuración literaria, que contrapone un sexo a otro, porque o es uno o es otro, nada que ver ni con el hermafroditismo, ni la homosexualidad ni, tampoco, el transexualismo. Más que una fantasía es un juego literario, que una vez que el lector esté dentro de él puede sacarlo mucho jugo. Por ejemplo su observación de una conciencia diferente del varón y la mujer. “En la mujer el llanto queda bien”.

Eludir las tentaciones es el deber del poeta… La poesía puede corromper más que más que la lujuria o la pólvora”; “El oficio de poeta es el más elevado de todos”. Pero “Orlando se estaba encerrando en una religión”. Llega al sarcasmo, con determinado tipo de literatura retórica, de la que se ríe: “No hay poesía superior a la descarga de sílabas tumultuosas que salen de unos labios”. Lo mismo que decir “hay algo muy ridículo en el amor”. Una mujer se había enamorado del retrato de Orlando, siendo varón. “El poeta es a la vez Atlántico y león, el uno nos ahoga, el otro nos roe”. “Los secretos de un escritor están patentes en su obra”.

51s2ot4qecl

Viaja con un amante archiduque a de Inglaterra a Rumanía. Ella, Orlando, no tenía necesidad de matrimonio. Siendo mujer era torpe en el sexo. “No eran entendidos en moscas”. “Los trajes tienen un papel más importante que cubrirnos, cambien nuestra visión del mundo y la visión que tiene de nosotros el mundo… Son los tarjes los que nos usan; forman a su antojo nuestros corazones… Son símbolos de algo escondido muy adentro”. Orlando vestía con falda, hasta le cambió la cara. “La diferencia de los sexos es más profunda”. “Son los trajes los que son hombres o hembras”; “La sociedad es todo y es nada”. Pasados los siglos el clima había cambiado en Inglaterra.

Lady Orlando anhela un amante. “Las ilusiones se hacen pedazos cuando las toca la realidad”. “Robar los sueños es robar la vida”. Aprende a beber el olvido, se ve como una novia de la Naturaleza.

Han pasado trescientos años, que el lector no detecta, a no ser que se dé cuenta de que el protagonista esté inmerso en el tiempo, de manera que el tiempo que pasa equivale a lo que es moverse en el espacio. Es decir está dentro del tiempo, es tiempo. “Los pintaría (escribiría) en un lugar sin límite prolongados en el Tiempo”, que señala Proust.

Conoce a otro caballero romántico, Marmaduke Bonthrop Shelmerdine, Esquire. Orlando descubre que esta persona es una mujer. A su vez ella que Orlando es un hombre. ¿Acaso dibujados en el tiempo seríamos seres más allá de lo corporal? “La conversación más vulgar es a menudo la más poética y la más poética es la que no se puede escribir”.

Con Esquire quiere ir al Cabo de Hornos, (al sur de Chile.) Corrieron por los bosques, tocaron las campanas. Se casaron. Su esposo montó as caballo. , que se encabritó, él se estrelló contra la tierra. Su marido siempre está pasando el cabo de Hornos, “¿eso es casamiento?” Orlando tuvo sus dudas.

Para los poetas el amor es toda la vida de una mujer, sustituye la acción por el amor”. De esta manera Virginia critica los esterótipos de personajes femeninos. Los convierte en varones, y a éstos en mujeres. “Para los novelistas masculinos el amor es quitarse las enaguas… Pero todos sabemos lo que es el amor”. En la primera lectura escribí una nota: “No sé si me gusta o no esta novela”. En la segunda vuelta me ha interesado, porque indago en lo que quiere decir con cada acción de los personajes. “Mientras ella escribía (Orlando) el mundo había continuado”. Concluye que los seres humanos son incomprensibles. Se iba a someter al deseo de su poema. “¿Convertir la Vida y la Literatura la una en la otra?”

00267a11635d4095354969fd461c0a00
Cuadro que hace Vanesa Bell (Vanesa Stephen) a su hermana Virginia Woolf (Adeline Virginia Stephen)

Orlando se va a otro palacio. Al asomarse por la ventana todo había cambiado. No es que hubiera pasado el tiempo, sino que es otro tiempo al que se ha trasladado. Es así como la autora lo ha “sumergido en el tiempo”. No llega, sino que era el momento actual: 1928. No es una narración onírica, más bien una composición en la que cada parte tiene su identidad, independiente del conjunto, pero el hilo que las une es el Tiempo y el contenido el ser mujer en contraposición a ser varón.

Ya no va a caballo, sino en automóvil. En la vida del personaje se han sincronizado “sesenta o setenta tiempos distintos que laten en cada organismo normal”. He aquí una pista clave de lo que descubro del tiempo. Son partes de tiempos diferentes los que cuenta. Escribe sobre el Tiempo, es el gran valor de esta obra, de arte. “Tenía muchos yos disponibles, muchos más que los hospedados en este libro”. Todas las transformaciones de Orlando eran distintos Orlandos, a la vez que el mismo ser. Hermann Hesse en su obra “El lobo estepario” afirma que estamos hechos de miles de yos que con forman el Yo, como átomos del mismo. Quizá el equilibrio sea saber cuál elegir en cada momento.

¿Cuál es el verdadero yo?, ¡el consciente?, ¿el yo Llave, el yo Capitán? ¿O la aglomeración de todos? “Orlando estaba buscando ese yo”. Se hace incompresible cuando el lector escucha una dama que habla sola, cuando lo hace con sus yos. Woolf se dirige al lector para aclararlo. Orlando entra y sale de un yo a otro. Cada uno siente su división. Y, ¡he aquí, que resilta que el protagonista ha sido el Tiempo, la patria de los yos: “Como si cada segundo que se infiltrara por el abierto toldo del tiempo comportase un riesgo desconocido”.

Nuestras pasiones más fuertes, y el arte, y la religión, son reflejos que vemos en el hueco negro del fondo de la cabeza, cuando efímeramente se oscurece el mundo visible”. Virginia vive una época en la que se habla del recién nacido psicoanálisis, con las controversias que ocasionaron los estudios de Freud sobre el inconsciente. Los dos pilares sobre los que Virginia construye esta novela son Eistein y Freud. Estaban en el ambiente de su sociedad. Ella condensa tanta nueva teoría y novedosas visiones de la realidad en la palabra escrita. “La conciencia de Orlando es como una selva con avenidas ramificándolas por aquí y por allá… No se acordó del tiempo”. Fue Tiempo. Esta cualidad de la que san Agustín de Hipona dice saber lo que es y no saber qué es, por fuera pasa, es temporal. Pero por dentro, allá donde Virginia Woolf sitúa a su personaje Orlando, es monolítico, inamovible.

0045036_h-kswh-u40363943039ypc-476x71440mujerhoy

Proust, Freud y Einstein, ¿quién lo puede dudar? “La noche que era el tiempo que más quería, en la que se ven con toda claridad los reflejos en el negro estanque del espíritu”.

¿Y qué fue del poema? Parecía olvidado, pero resurge al final, como explicación última: “Escribir versos, no era acaso un acto secreto, una voz tratando de contestar otra voz?”

Otro amante, con otro yo, en otro tiempo de los setenta y tantos que pululan: “Un pájaro voló sobre su cabeza; Era un pato, ¡el pato salvaje!

orlando-1

Buen provecho si lees esta novela.

* Referencias a España: Un Conde que está comprometido con empresas españolas. Vino de Canarias. Referencia a un embajador español. La apoplejía del rey de España. Aparece un mastín. Una frazada (manta peluda) de España. Una bailarina española. Vino tinto de España.