Se trata de una obra del siglo XI, por este poeta persa que rezuma existencialismo. Sin un sentido de la vida la única conclusión posible es perseguir el placer, con las mujeres, para él y el vino, para de un modo sin conciencia evitar pensar para no toparse con la nada y ser de esta manera una forma de rebelarse a la misma religión, musulmana, en su caso por la cultura en que vive, y al sentido de la vida que ofrece.

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Me cuenta Miguel Ángel Fernández que este poeta de joven tuvo dos amigos con los que quedó que si alguno se hacía rico mantendría a los demás. Y así fue que uno de ellos fue un potentado, por lo que Omar Keyyam vivió sin trabajar con el dinero que le dio a él y al otro amigo quien además de tener medios para ello cumplió su palabra y no se olvidó de aquella palabra dada (cosa rara, por cierto).

Aunque escritos los poemas, cuyo título quiere decir “Cuartetos”, sobre el año 1100, no son editados hasta 1836 en Calcuta y 1857 en Theherán. Son más reflexiones y sentencias, al menos una vez se han traducido.

Muy reiterativos, su valor tal vez haya que buscarlo en su época en tanto plantea cuestiones no convencionales, pero no deja de ser una duda del fondo humano que recorre todos los tiempos y, en gran medida, también pueden ser interrogantes de los tiempos modernos, cualquiera que sea la modernidad. No considero que sea un poeta báquico, pues busca en el vino el placer del olvido, de no pensar. Vive, o al menos vivencia, un mundo decadente, en el que los vergeles de Irán desaparecen en las arenas del desierto. Sus rosas fueron famosas. tal vez sea una metáfora, pero los territorios de aquel país fueron esquilmados en guerras y suntuosidades.

Entre saco algunos textos, parte de los poemas que dan una idea del trasfondo que nos plantea Omar: “La vida y el mundo sólo son ficciones”; “¿Por qué tendré que irme ignorando a qué debo mi paso por la tierra”. “No supe por qué azar me trajeron el mundo / y me dieron la vida, ¿A qué entonces quejarme?. “¿Acaso eres lo mismo que aparentas?”. “Quiero olvidar que nunca sabré nada”. “Cierra tu libro y piensa… y apártate a un roncón si quieres ser dichoso”.

Nadie puede abrazar a su amada sin antes
clavarse mil espinas en la carne. Repara
en el peine.: tallado hubo de ser cien veces
antes que acariciara de una mujer el pelo”.

Tu parte de placer no la descuides nunca”. “La amapola marchita no florece nunca”. Ve un mundo sombrío en el que la religión forma parte de esa sombra. “Cielo e infierno, hasta el fin de los siglos, viven en ti mismo”. “El Paraíso: un instante del día que al placer dedicamos”. “En iglesias, mezquitas y sinagogas, sólo / se refugian los débiles que temen al infierno”. Para Omar los musulmanes temen y desean el Ramadán, mes de la purificación.

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Muchos son los versos dedicados al vino, al que vanagloria reiteradamente: “Sólo los mentecatos han calumniado al vino”. “Vale más el eructo de un beodo que el rezo de un hipócrita”. “Estar ebrio de vino y de amor es mi disculpa”. “Jamás preguntes nada y déjate llevar por el más ciego instinto”. “Es absurdo vivir sin amor y sin vino”. Escribe desde el desánimo y busca fuera de la conciencia. Un camino angosto al que lleva la poesía. “Mi ley es el placer y la bebida”. “Qué triste pasar los días sin amor y sin vino”. “Cuendo muera, intentad reanimarme con vino”. Este parece una coincidencia con el personaje irlandés que Joyce inmortalizó: Finnegans.

Se pregunta si es posible que haya alguien que no sea infiel ni creyente, que no acepte la duda ni acate la ley, ni ame a Dios… “¿Para qué esforzarse en variar lo invariable?”. Precede a Calderón de la Barca en su percepción ilusoria de la vida: “La Vida es sólo una ficción. Lo eterno es una copa llena de burbujas”. “Alá jamás te ha consultado”. “La bóveda celeste gira como tú y yo impotente”. “El día de mañana será igual al de hoy”. “Me iré sin saber la causa / de la llegada mía a este mundo, mi estancia y mi partida”. “Existen dos grupos dichosos: los que lo saben todo, los que no saben nada”. “El sultán y el pordiosero, al fin, lo mismo valen”. “Serás igual que somos; / lo mismo que eres fuimos”. “Puedes vivir cien años más del mismo modo. ¿Y luego?”

El amor difuso, inconcluso como telón de fondo: “Cuando dije a mi amada ¿qué dote solicitas? / Ella – el Mundo – repuso: tu corazón alegre”. “A nadie amo, y tampoco tengo fe ni esperanza”. “Que más vale una ruin posesión que una gran esperanza”.

El Mundo, una pequeña parte del espacio… / ¿Y que son las naciones, las flores y las bestias? Sombras”. “Un cadáver no es más que carroña / pasto de los gusanos”.

Es siempre preferible, escribe, el ascua que de odio o de amor nos inflama, y no hacer que se extinga del templo en la penumbra.

Alguien me dijo un día: “No bebas más Keyyams”.
Cuando bebo – repuse – comprendo lo que dicen
la rosa, la amapola, el jazmín, y aun comprendo
lo que decir no saben los libros ni mi amada”.

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