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Obra de Robert V. Andelson* y James M. Damsey: “Teología de la liberación para un mundo postmarxista”.

* (1931 – 2003) Miembro del Instituto Henry George y de la Escuela de Ciencias Sociales del mismo nombre. Pastor evangélico.

sophia-and-others-093-e1324745510943Un libro, éste, que me ha regalado Mario Cordero, desde EE.UU. También el libro de Henry George “Progreso y miseria”, de los que he aprendido y agradezco abrir nuevos horizontes en las reflexiones.

Editado el año 1992 no se traduce al español hasta una década después. Es un libro que versa sobre economía desde profundas convicciones religiosas del cristianismo. Seguidores de la teoría de Henry George (1839- 1897), economista estadounidense que defiende la idea de imponer un impuesto único sobre el suelo. Mantiene en su obra “Progreso y miseria” que los beneficios de la sociedad y los avances tecnológicos acaban en manos de los propietarios del las tierras, que siendo de todas las personas se han privatizado y concentrado su propiedad. Por ello establece un modelo fiscal para redistribuir este riqueza entre la ciudadanía.

Es interesante el prólogo, o “comentario al inicio” como lo llama su autor, el obispo de Shrewbury (Iglesia de Inglaterra), John D. Davies. Cuando se fue a vivir a Sudáfrica, con su esposa, observó que la idea de que el suelo pudiera ser una propiedad de los individuos chocó con la habitantes de allá. Para ellos pertenece al pueblo, o a Dios. Si no la ha hecho ninguna persona, ¿cómo ha de pertenecer a alguien? Curiosa, y certera, reflexión que debería hacernos cuestionar las premisas de nuestra lógica occidental.

También establece que la riqueza es la combinación de: Tierra, trabajo y saber. Siendo el dinero un medio de cambio, no la riqueza en sí misma. A veces olvidamos lo obvio. Como plantear que una sociedad será justa cuando comparta esos tres recursos y que no sean monopolizados por una minoría.

Hace referencias bíblicas, que los autores van usar como apoyo a sus tesis. Como la idea central repartir la riqueza que una comunidad crea de la tierra. De ahí que se parta de la propuesta de Henry George de establecer un impuesto único sobre la misma. Desde mi punto de vista pudiera ser factible durante el siglo XIX y la primera mitad del s. XX, pero con el auge de la economía financiera se hace más complejo, ya que el dinero sí se convierte en una riqueza y deberá de tributar por ser una mercancía más que se compra y vende en los mercados bursátiles.

Sucede lo contrario en una economía depredadora e injusta en su base, como es que a los propietarios de la tierra se les subvenciona su uso agrario, por ejemplo con la Política Agraria Común (PAC) o con los usos forestales. Por ello la reflexión que plantea este libro es necesaria. Como observar que el uso del suelo por terratenientes en gran parte de América Latina es la causa directa de la pobreza en esos países.

La Tierra Prometida, como metáfora, no la consideran los autores como un espacio geográfico, sino “la visión de un orden social justo”. ¿Lo es que un 2% de grandes propietarios con más de 100 hectáreas controlen las 3/4 partes de la tierra del mundo? esto hace que se robe al trabajadores el valor de su trabajo.

Resalto en este comentario las cuestiones que más me interesan y que me han llamado la atención. Como es plantear la justicia como algo que afecta a la comunidad en general, no a los individuos. Importante a tener en cuanta cuando una sociedad cada vez más individualista hace que nos aislemos unos de otros y vayamos cada cual a lo suyo, lo cual aprovecha el Poder para tenernos cada vez más atados e impotentes para luchar.

Recogen reflexiones como las de Juan Crisóstomo, padre de la iglesia ortodoxa y arzobispo de Constantinopla, s. IV, considerado por la iglesia católica patrono de los predicadores. Planteó que Dios dejó la tierra libre para todos, de manera que “la propiedad no será más que un robo continuo y renovado”. Recogen en sentidos parecidos citas de san Agustín, santo Tomás de Aquino y hasta la Encíclica del Papa León XIII en 1941: los bienes materiales creados por Dios han de satisfacer las necesidades de todos”. Algo muy lejos de lo que ha sucedido a lo largo de la Historia. Lo cual se va a plantear como eje de sus propuestas con la base de los estudios de Henry George, economista político y filósofo social.

No se basa este libro en ideas abstractas, sino que parten de hechos concretos que hacen ver. Como las miles de hectáreas de las tierras de la amazonía, cuyos árboles talaron desplazando a las tribus del lugar, por los intereses de 130 propietarios nuevos de la tierra. Lo mismo sucede en EE.UU., cuentan, con la propiedad del suelo en manos de los empresarios mineros. Analizan como los negocios transaccionales se hacen cada vez más dueñas de los espacios que explotan y construyen.

Llegan a una interesante conclusión: “La pobreza se atribuye a la superpoblación, un examen más a fondo revela que la culpa real es el hecho de que a a gente se le niegue acceso a las oportunidades naturales”. Este planteamiento me retrotrae a la idea de Charles Fourier, para quien si la sociedad quita, mediante la propiedad privada, el acceso a los bienes naturales, se lo ha de devolver para garantizar su supervivencia. Lo cual fue un punto de partida para la idea de la Renta Básica.

henry-george-7Para los autores del libro que comentamos el problema de la tierra es el problema social más básico, de manera que asocian “Tierra devastada” con explotación y opresión, dando como alternativa la reforma de la tierra que ideó Henry George.

Analizan la evolución de la explotación de la tierra en América, desde las encomiendas en las que los indios fueron concedidos como mano de obra a cambio de ser cristianizados, “civilizarlos”. Asó: “la propiedad de la tierra, en América latina, se convirtió en la base de un sistema de dominación social de masas”.

En las haciendas se crió el ganado y se sembraron cereales. Se pagaron sueldos de subsistencia, algo que ha continuado cuatro siglos después. La hacienda es fuente de poder. Se usa para el enriquecimiento de los terratenientes, que siembran caña de azúcar, cereales y demás para la exportación, y no legumbres o arroz como fundamento alimenticio de la población. Las ganancias se reinvierten en EE.UU y en Europa. La pobreza de esta manera se extiende. En lugares como Brasil aparece el fenómeno de las favelas (habitantes urbanos sin suelo), los favelados, de los cuales sólo en la ciudad de San Paulo (1989) dos millones y medio corresponde a niños. El monopolio de la tierra y sus recursos lleva a la explotación. Aluden a que el cristianismo facilitó asentar esta idea de sometimiento.

Un dato curioso es que “Callao” fue un puerto de Lima, de los primeros asentamientos portuarios. Pienso que tenga que ver con el nombre de la estación de metro de Madrid homónima.

Analizan diversos casos de nacionalización de los campos de petróleo: Chila (1923); México (1938); Brasil (1950); Perú (1969). O la nacionalización de la industria del estaño en Bolivia (1952), cuando la mitad de toda la industria fue de la familia Patino. Poco se hizo sobre la propedad agraria, donde por ejemplo en México el 1% de la población poseyó a mediados del s.XIX el 97% del suelo, lo que dio lugar a la revolución de 1911. La nueva Constitución de 1917 propuso redistribuir la tierra entre los campesinos. Se permitió el cultivo de las tierras comunarias, los egidos. El año 1953 la reforma agraria tuvo lugar en Bolivia. Se abolieron los latifundios. En Perú el año 1968, de la mano del general Velasco Alvarado. Tras la revolución en Cuba se expropiaron propiedades superiores a 402 hectáreas (1959). Cien mil campesinos se convirtieron en propietarios exigiendo que pagasen un sueldo específico a los trabajadores. Antes de la revolución 13 compañías azucareras norteamericanas poseyeron más de un millón doscientas mil hectáreas de tierra.

A pesar de tales esfuerzos la reforma de la propiedad del suelo ha fracasado, según

Andelson y Damsey, porque se ha cerrado los ojos a la explotación de los pobres. Aluden a la teología de la liberación para el despertar de las conciencias. Indican argumentos teológicos, como que si la tierra pertenece al Señor, no puede ser vendida a perpetuidad. es para beneficio de todos los seres humanos. hacen una larga disertación relacionadas con citas bíblicas y sentencias de varios padres de la iglesia católica. Llegando a Leonardo Boff que pregona que la iglesia sea para los pobres. Por mi parte no estoy de acuerdo con mezclar teologías con economías, pues como dice Carlos García Gonzalez, hay que sustituir la palabra “creencia” por otra: “pensamiento”. la argumentación ha de ser sobre razones sólidas y coherentes. No se puede sustentar en fe alguna. Si bien han servido de acicate para la toma de conciencia y actuar en pro de un mundo más justo, pero debería quedar en el ámbito personal, como motivación íntima. El origen de la propiedad es sagrado. Pero a partir del desarrollo del materialismo histórico es posible entender la realidad en claves de razón e ideas, más allá de cualquier acontecimiento bíblico. Algo que parece que vuelve en nuestros días cuando el nuevo gobierno de EE.UU. decide trasladar su embajada de Israel a Jerusalén amparándose en determinados hechos que aparecen en los libros Sagrados, del judaísmo, claro, como es el Viejo Testamento. Si quienes están en contra se basan en lo que dice su otro libro sagrado, tenemos el cisco en marcha.

pobreza-retratada-foto-unicef-ano_claima20160930_0055_28Los pobres son víctimas de la injusticia”. Observan como los poderosos “controlan las leyes”, por mucha separación de poderes que se proclame. Esto es algo muy presente en nuestros días. Es por ello que, explican, los opresores deshumanizan a sus víctimas, lo cual es digno de tener en cuenta. Lo que hace falta es justicia, no basta la compasión y no caer en la visión romántica del pobre.

Hacen un triple planteamiento: 1.- Poner fin a las causas de la pobreza. 2.- Desinstitucionalizarla y 3.- Que la iglesia se preocupe de las estructuras sociales.

Entienden que la propiedad privada no puede ser absoluta ni tampoco incondicional y abogan por una economía al servicio de las personas, algo que se quejan de que cuando se hace esta proclama no se dice cómo. Ambos autores lo apuntan, pero no se específica en el libro. las referencias teológicas se convierten en ocasiones en divagaciones desde el punto de vista económico. Hay cuestiones que requieren explicaciones, no basta enunciarlas, como que hay que asociar el trabajo socialmente útil a los productos socialmente útiles. Porque habrá que preguntar ¿qué es lo socialmente útil? Según qué punto de vista lo serán unas u otras cosas.

esquematizan claramente el pensamiento marxista, del que toman ciertos aspectos. El capital es el trabajo acumulado que se desdobla en capital constante (materias primas, máquinas, etc) y el capital variable (la fuerza del trabajo). De ésta el empresario, el capitalista coge la plusvalía como manera de obtener beneficios. Explota de esta manera el trabajo de los demás. Ven que la lucha de clases ha llevado a la dictadura del proletariado cuando han triunfado los trabajadores. reflejan la opción de Marx sobre el lumpen: mendigos, criminales, parásitos. Y a los parados de ser pasivos y reaccionarios.

Para estos economistas de la teología de la liberación la lucha de clases es una brújula falsa. Se plantean si la teología ha de quedar al margen de las prácticas revolucionarias. “Para ayudar a los pobres a liberarse a sí mismos debemos entender su perspectiva”; “los pobres no son más ni menos que cualquier otro grupo”. Citan a diversos teólogos de la liberación que ven en el capitalismo algo netamente anticristiano, pero se preguntan si es acertado abolir completamente el mercado. ven que el ordenamiento “científico” de la sociedad socialista ha sido algo fallido.

Citan a Marcuse, aunque le menosprecian en cierta medida, lo llaman “gurú de la nueva izquierda”. En parte hace proclamas abstractas, como que la solidaridad acabará con la pobreza. Pero otra afirmación que recogen hoy no la veo como algo etéreo, sino muy concreta, en cuanto a que la tecnología usada racionalmente a escala global puede acabar con la pobreza. Requiere reconstruir la personalidad humana, para lo que hay que desmantelar el aparato mediático de la manipulación.

El capitalismo obtiene beneficios a expensas de los intereses ecológicos, para lo cual permite la corrupción. Lo cual nada tiene que ver con el liberalismo. La libertad, plantean, es indivisible, no puede ser únicamente económica. La experiencia en Latinoamérica es que los oligopolios de la propiedad e la tierra han ido de la mano de los militares.

Se analiza en el libro la “Nueva Política Económica” que aplicó Lenin (1921), en el que se permiten ciertos granjas y negocios privados, para incentivar la producción. la inercia del egoísmo, la codicia incrustada en el ser humano hizo que se hicieran planes de reeducación y de adoctrinamiento, que pasado el tiempo… ha vuelto el agua a su molino.

Analizan la corrupción en los países latinoamericanos y sus respectivas deudas, de manera que no pueden sino estancarse en estar permanentemente en vía de desarrollo. Se ha intentado el “socialismo de mercado”, dado que el libre mercado no suele ser libre en realidad, sino el control del mismo por monopolios o interferencias de los gobiernos. hace falta un reordenamiento en general y usar los impuestos como forma de fortalecimiento de la acción social y no como una manera de represión.

Los salarios bajos aseguran una acumulación mayor de capital, generando pobreza. El problema es la mala distribución de la riqueza. Siendo la distribución injusta de la tierra la causa fundamental. Al final la alimentación sale de ella, siendo la base de todo lo demás. Pienso que en la actualidad ya no lo es, sino que tal cimiento de la injusticia y de la riqueza lo es la economía financiera, siendo lo que hay que socializar haciendo que pague impuestos. No es una economía virtual, sino que es la que acompaña al mundo tecnológico. Si hasta mediados del s. XX las materias primas del suelo y los productos de la tierra se trasladaban al mercado convirtiéndose en dinero, medio siglo después es la economía dineraria la que desde su mercado de dinero dirige el mercado de productos. la oferta y la demanda ya no es en funciona las mercancías, sino en ésta y en el mercado bursátil, de productos dinerarios. Para mí esto es el postmarxismo, no lo que pretenden estos autores de crear un medio de redistribución alternativo. Cuando el Partido del Trabajo gobernó en Brasil para lograr el reparto de la tierra fracasó al verse envuelto en un maremágnum de la nueva economía.

Lo mismo que comentan Andelson y Dawsey sobre el colapso de la especulación del valor de la tierra, sobre todo en las ciudades, sucede igual en la venta de valores, lo que ha dado lugar a la quiebra bancaria, que ha tenido que recurrir a la intervención de los estados para rescatarlos con dinero público, con todo lo injusta que es esta medida. Por eso la propiedad de la tierra ha de ser cuestionada en gran medida impidiendo el exceso de la misma o como plantea Henry George, que tribute lo suficiente la el bien común. Pero igual hay que plantear hoy en día para el dinero y su mercado de valores. Si bien antes este reparto se acompañaba del reparto del trabajo, al menos como ideal, hoy en día es necesario u reparto, pero del dinero, lo cual nos lleva a señalar la Renta Básica como algo lógico en el nuevo modelo económico global. El monopolio de la tierra se acompaña del monopolio del dinero. Los millones de accionistas equivales a los tantos de agricultores de pequeñas historia_y_origenes_de_la_bolsa_de_madridexplotaciones antaño. Grandes capitales, a través de empresas de seguros, de inversores y gestoras de capitales tienen fortunas y apenas propiedades materiales, al menos no en la misma proporción, sino con una diferencia abismal. Algo que medio siglo atrás y más era impensable que pudiera ser así. Y todavía hoy no lo vemos con suficiente claridad.

Recogen pensamientos de Marx: “El monopolio de la propiedad del suelo es incluso la base del monopolio del capital”, en lo que Churchill coincide: “El monopolio de la tierra es la madre del monopolio”. Y es en este fundamento en el que basan su tesis para el desarrollo de la propuesta de Henry George. Pero, pienso, es necesario trasladar tal esquema al mundo moderno que ha cambiado las claves. Para George más que confiscar la tierra hay que confiscar una parte de su renta, suficiente para acabar con la pobreza. Lo hace con un impuesto único. Este mismo esquema es el que se ha de plantear respecto a la economía financiera, que es la propuesta que hace Jose Miguel Sánchez Alcalde con su estudio sobre el impuesto a través del IVA y suprimir los demás, para además tributar sobre el trabajo, la demanda de su producción y la de la producción de valores. De hecho se inspira en la lectura de la obra de Henry George, aplicando sus argumentos y conclusiones a la economía contemporánea.

Otra cuestión importante que plantean es la “democracia del mercado”, cuando hoy deriva en un modelo peligrosamente totalitario. En esto algo avanzó hace años Diego López Grarrido, cuando militó en la Nueva Izquierda, al pedir democratizar la economía, lo cual olvidó cuando tuvo responsabilidades de gobierno en el gobierno del PSOE.

Ponen ejemplos de Japón, Australia, California, de Corea del Sur, incluso de China en sus últimos años de economía comunista, en cuanto a la aplicación del impuesto sobre la tierra, pero son ejemplos aislados que han quedado atrasados, desde mi punto de vista, pues han sido más bien tasas, al ser un impuesto para objetivos concretos y han logrado expandir la riqueza, no su redistribución.

Critican al comunismo porque no todo ha de ser socializado, lo cual llevó al fracaso de su modelo. Luchan por la igualdad de derechos para los seres humanos, pero esto también evoluciona.

La reflexión de este libro es muy pedagógica e interesante, digna a tener en cuenta como idea y buscar los fundamentos de Henry George en su época en el mundo actual. Las nuevas tecnologías han creado otro mundo y debemos actuar en él, de ahí la importancia de actualizar las grandes ideas y aportaciones al pensamiento de la Humanidad.

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Un comentario en ““De la Tierra Devastada a la Tierra Prometida” de Andelson y Damsey

  1. Magnifico análisis. No creo pueda refutar sus punto de vista, pues se lee para aprender o al menos estar informado de otro punto de ver el mundo y sus problemas.

    Cuando Henry George habla de la tierra la define como todo, excepto el hombre y sus productos, y por lo cual si no se usa la tierra se usa el espacio electromagnético para hacer las transacciones y como propone Tobin ese impuesto puede ser usado para la Renta Básica.

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